Las palabras técnicas de este mundo, explicadas para humanos. Nadie nace sabiendo qué es un percentil — y no hace ninguna falta para usar tu perfil.
Una tendencia estable de cómo eres: cuánto te atraen las ideas nuevas, cuánto orden necesitas, de dónde sacas la energía. No es una caja donde caes: es un dial donde estás en algún punto.
Por ejemplo: «Ser ordenado» no es sí/no: hay gente de agenda milimétrica, gente de caos creativo y muchísima gente entre medias.
El modelo de personalidad con más respaldo científico. Resume tu forma de ser en cinco diales: apertura, responsabilidad, extraversión, amabilidad y estabilidad emocional.
Cada rasgo grande se abre en seis matices más finos, como una carpeta con subcarpetas. Puedes ser alto en unas y bajo en otras del mismo rasgo — ahí vive tu forma real.
Por ejemplo: Dentro de la extraversión: puedes encantarte la gente (cordialidad alta) y a la vez odiar mandar (asertividad baja). Mismo rasgo, facetas opuestas.
Tu posición en una fila de 100 personas ordenadas por ese rasgo. Percentil 80 en apertura significa: de cada 100, unas 80 puntúan menos que tú. No es una nota de examen — no hay aprobado ni suspenso.
Por ejemplo: Percentil 15 en extraversión no es «suspendes en social»: es que 85 de cada 100 buscan más estímulo social que tú. Información, no veredicto.
El grupo de comparación que da sentido a tu puntuación. Un «7» no significa nada solo; comparado con miles de personas de tu edad y contexto, sí. Sin baremo no hay percentil.
Por ejemplo: Es la diferencia entre «corro 10 km en 55 minutos» (dato suelto) y «más rápido que la mitad de la gente de mi edad» (dato con contexto).
Cuánta precisión tiene la medida: si repitieras el test la semana que viene, ¿saldría parecido? Toda medición tiene algo de ruido; un buen instrumento tiene poco y lo reconoce.
Si el test mide lo que dice medir, y si eso se relaciona con la vida real. Un test puede ser precisísimo midiendo una tontería: precisión y verdad son cosas distintas.
Un test donde tú respondes sobre ti. Mide cómo te ves y cómo estás hoy — que es valiosísimo y a la vez tiene límites: nadie se ve con objetividad perfecta. Por eso ningún autoinforme honesto se vende como verdad absoluta.
Nuestra forma de no fingir precisión infinita. En vez de clavarte un número exacto cuando hay poca señal, te decimos la zona (alta, media, baja) — y en tu tipo, cuánta firmeza tiene cada letra: si estás al filo, te lo decimos.
Por ejemplo: Un GPS honesto: si tiene poca cobertura, te dibuja un círculo más ancho en vez de inventarse el punto exacto.
El código estilo INTJ o ENFP: un resumen de bolsillo de cuatro de tus rasgos, redondeado a un lado u otro. Útil para conversar, traicionero para decidir — porque el redondeo borra los matices.
Nuestra forma de nombrar tu patrón dominante — Brújula, Faro, Corriente… — a partir de cómo se combinan tus rasgos medidos. Es un retrato con nombre propio, no una caja: debajo siempre están tus cinco diales reales.
Un mapa clásico de hacia qué te tira trabajar: con cosas, con datos, con ideas, con personas, creando o emprendiendo. No mide capacidad — mide atracción, que es la gasolina de la constancia.
El truco (involuntario o no) detrás de horóscopos y tests de revista: descripciones tan generales y favorables que cualquiera se reconoce. Tu mente rellena los huecos con tus recuerdos y siente que «ha acertado».
Por ejemplo: «A veces dudas de ti, pero eres más fuerte de lo que crees» — te suena tuyo. Y de todo el mundo.
El mismo dial visto por sus dos caras: neuroticismo mide cuánto reacciona tu sistema de alarma; estabilidad es su reverso sereno. En tu resultado lo mostramos por la cara serena — y te lo decimos.
Lo que en tu perfil sale directamente de tus respuestas con reglas transparentes — tu arquetipo, tus rasgos, tu tipo — funciona siempre y no depende de ninguna IA. La capa de IA solo redacta narrativa encima de esos datos; nunca se los inventa.
¿Te falta una palabra?
El test no exige saber ninguna: te lo explicamos todo sobre la marcha, con tus propios datos delante.